En la entrega anterior habíamos dejado en su cenit el enfrentamiento entre los ejércitos mágicos de las Damas de la Luz dirigidas por Elyria y los Señores Oscuros capitaneados por Venger. Ambos líderes llegaron a enfrentarse cara a cara.
Las Damas de la Luz llenas de pureza y bondad, habían protegido a los moradores de Mundo Mágico de los Señores Oscuros. Ellas buscaban el entendimiento y las paz, ellos el poder absoluto y la aniquilación de todo lo que se les oponía. Esta actitud se hacía patente también en aquella batalla mágica final.
El enfrentamiento directo entre Elyria y Venger había concluido. También los intentos de Elyria por alcanzar un acuerdo. La distancia que ahora los separaba marcaba el fin momentáneo de su duelo personal, aunque la tensión seguía latente en el aire.
Elyria, rodeada por un resplandor de luz que comenzaba a desvanecerse, respiraba con dificultad mientras luchaba por mantenerse en pie. Su fuerza, aunque casi agotada, aún brillaba en sus ojos. Al otro lado, Venger se incorporaba lentamente, envuelto en un aura oscura que parecía intensificarse con cada segundo. Su expresión era de triunfo, segura y desafiante, mientras su fuerza se arremolinaba a su alrededor, alimentándose de la desesperación y agotamiento que había logrado provocar en su adversaria.
Las fuerzas oscuras de Venger, al ver a su líder ganar terreno, redoblaron sus ataques, centrando su atención en las pocas Guardianas Blancas que aún permanecían en pie. Agotadas y superadas en número, las Damas de la Luz retrocedieron, agrupándose en un pequeño círculo para protegerse mutuamente. Sin embargo, los guerreros de las sombras avanzaban sin piedad, sus hechizos oscuros llenando el aire de una energía densa y aterradora, envolviéndolas en una atmósfera de opresión y desesperanza. Aun así, las hechiceras no tenían intención de rendirse; sus miradas se mantenían firmes, y sus manos, aunque temblorosas, continuaban preparadas para luchar hasta el último aliento.
Los seguidores de Venger, con miradas implacables y poderes oscuros emanando de sus manos, formaron un círculo estrecho alrededor de las hechiceras. Las pocas luces que estas podían invocar parecían casi apagarse ante la vasta sombra que las rodeaba. Elyria, aún recuperándose de su enfrentamiento directo con Venger, observó con horror cómo sus hermanas Guardianas estaban a punto de ser aniquiladas.
Venger, con una sonrisa de victoria, levantó su mano en señal de ataque final, dispuesto a dar la orden que acabaría con las Guardianas Blancas para siempre. El Mundo Mágico estaba al borde de ser sumido en la oscuridad absoluta. Las Damas de la Luz no parecían tener escapatoria ante el destino que se cernía sobre ellas.
Elyria, aún débil y herida, observó a sus hermanas hechiceras rodeadas, cada una luchando por mantenerse en pie, con los rostros llenos de agotamiento, pero también de valentía. Su corazón se llenó de tristeza y desesperanza al ver que, pese a sus mejores esfuerzos, el final parecía inevitable. Sus ojos se humedecieron mientras el peso de la derrota se hacía palpable.
Con lágrimas en los ojos, Elyria elevó su mirada al cielo, buscando en silencio la presencia de sus ancestros. Sabía que ellos la observaban desde un lugar lejano, y en su corazón resonaban las palabras de la primera Elyria, la fundadora de las Guardianas Blancas, quien siempre había creído en la luz y en la bondad del reino. En un susurro apenas audible, se despidió de sus antepasados y de sus compañeras de armas que la habían acompañado en esta lucha final, agradecida por su lealtad y sacrificio.
«Perdonadme… No he podido salvaros», murmuró, sintiendo el peso de las generaciones pasadas y el amor que le había dado fuerza hasta ese momento. Cada lágrima que caía llevaba consigo el dolor de su linaje y la promesa de paz que ahora parecía a punto de extinguirse.
Sus compañeras, al verla, comprendieron sus palabras y la acompañaron en esa despedida silenciosa. Una sensación de calma las rodeó, como si en ese último momento compartieran un lazo inquebrantable que ni siquiera las sombras podrían romper.
En el instante en que Venger alzó su mano a punto de ordenar la destrucción total de las Guardianas Blancas... Continuará.




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